bueno, me cerraron el blog en msn, espero este perdure y sea entretenido.
aplico la técnica kiss, por cada visita que recibo sin comentario, mato un pollito.

 

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28 Apr, 2008,

Kirchner conducción

Clasificación: filosofia, historia, noticias — alemasdiez @ 13:04

 

Por Pepe Eliaschev | 26.04.2008 | 01:49

La leyenda continúa como en puerta giratoria: persiste la normalidad de lo excepcional. Todo hecho a la Argentina, en el marco de una generalizada confusión y en medio de una borrasca de conjeturas que oscurecen y confunden. Algunas claves:
Manda Kirchner. El es el poder. Claro, rotundo, inequívoco.
No quiso reelegirse en octubre y así nació la farsa del “cambio”. No lo hubo, no lo hay. Es altamente improbable que lo haya.
Si Kirchner hubiese sido reelecto en octubre hoy andaría tanto o quizás más vapuleado que su mujer.
Gambetear la reelección para evitar ese desgaste le ha permitido seguir conduciendo sin tener que firmar decretos ni promulgar leyes.
Al Gobierno le importan, hasta cierto punto, los méritos individuales y la foja de servicios de quienes sube a bordo, pero relativamente. Entre la virtud y la funcionalidad, la gestión kirchnerista privilegia desaforadamente la lealtad antes que la pertinencia.
Lousteau tiene un cerebro bien amueblado y no le faltan rasgos de talento, pese a su alta autoestima. Carlos Fernández no exhibe currículum envidiable, pero reporta al poder sin corcoveos.
En la entretela sustancial del episodio, quedan claros los tantos. El Gobierno acepta inflación alta pero encubierta, estimula recomposiciones salariales permanentes, protege tarifas de servicios públicos ridículamente bajas para la alta burguesía y preservará una economía turbopropulsada sin aflojar.
El sistema de conducción es claro y rotundo: el alto mando concibe y aplica políticas. El resto de la tropa las sigue o queda en una cruenta intemperie.
Kirchner es, a su manera, meticuloso y astuto. Cree “racionalmente” que su fuerte apuesta le dará óptima rentabilidad. Conoce el paño y sabe mandar sin complejos. El peronismo, qué novedad, se disciplina cuando hay reparto y contención.
La situación económica es más que delicada, pero Kirchner cuenta con “fierros” ostensibles. Nada presagia una debacle.
Kirchner va a pelearle sin timidez una batalla durísima al campo. Quiere ganarla y ambiciona clavar su estandarte en una pampa húmeda exhausta y rendida.
El poder se maneja hoy en la Argentina con helado pragmatismo. La foto de conocidos actores profesionales de vasta trayectoria, junto al cuestionado Enrique Albistur, revela el gélido realismo del sentido de las transacciones en el que cree el Gobierno. Fueron a agradecer que la Presidenta hubiese promulgado una vieja ley no legalizada que les permitirá cobrar cuando películas en las que trabajaron se vuelvan a pasar, un reclamo entendible. Pero tuvieron que ir a la Casa Rosada a “mostrarse” para los medios. El Gobierno paga, pero también cobra.
Vivimos una era de audacias asombrosas. Después de picotear gobernadores e intendentes radicales que se asfixiaban sin remedio ante la sequía financiera de la Casa Rosada, el Gobierno se infiltró con éxito en Coninagro y partió a la CTA, dejando afuera a quienes vienen peleando por intereses populares. Sin personería legal, la CTA es hoy oposición y la CGT de Moyano es oficialismo sin matices.
No hay ni habrá respiro. Esto no es Chile ni Brasil ni Uruguay ni Perú. El modelo de gestión local no sólo acepta sino que incluso impulsa un modo de ser nacional que justifica el pavoroso aserto del The Economist: “Pocos países han sido tan mal gobernados como la Argentina” (Killing The Pampa’s Golden Calf, marzo 29, 2008).

 

-> originalmente en [http://www.perfil.com/contenidos/2008/04/26/noticia_0015.html]

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7 Apr, 2008,

¡Ah, bueno!

Clasificación: filosofia, historia, noticias — alemasdiez @ 2:57

 

Por Pepe Eliaschev | 06.04.2008 | 02:14

 

El problema era el miedo. ¿Lo seguirá siendo a partir de ahora? Durante 2.100 días lo que prevaleció fue una mezcla muy argentina de temor, recelo, cálculo, cobardía y pasividad. Sigue habiendo mucho de eso. Pero el país respira ahora con otra modulación. Lo que antes impresionaba ahora irrita. Lo que disciplinaba, de pronto, ya rebela.
Si la jefa política formal de una nación necesita dar cinco discursos públicos en ocho días y, además, precisa estigmatizar a un periodista muy reconocido que se expresa a través del lápiz, la pluma y la tinta, poniéndolo en el lugar de un mafioso, es porque hay cansancio.
Lo que cansa, empero, no está agotado todavía. El dispositivo de poder que la Argentina se dio (o toleró) en estos casi 60 meses de kirchnerismo no ha estallado. Es también poco probable que implosione en el corto plazo, si es que insiste en duplicar y triplicar apuestas, con ese machismo ideológico que debería molestar a una persona como la Presidenta, que se manifiesta preocupada por los temas de “género”.
Pero el clima de fin de época se respira y es inconfundible. Hay fatiga de material. Si se comparan las palabras que ellos pronuncian y los personajes que frecuentan con lo que hoy se dice, se hace y se piensa en los caminos del país, este oficialismo exuda rasgos arcaicos.
Se maneja con criterios de una obsolescencia ramplona. Apelar al cegetismo vociferante y a los carritos humeantes de choripán en la vetusta y desvencijada “Plaza” habla de una irrefrenable pulsión nostálgica. Pero es una nostalgia tóxica.
Parte de la evidente irritabilidad que se percibe en la vida cotidiana puede atribuirse a una enésima frustración nacional en pleno desarrollo. No es la primera, ni tampoco será la última. Pero así como Carlos Menem prometía en 1988 “una revolución productiva”, la actual Presidenta abrazó su campaña electoral a la noción de cambio en clave institucional. Ella se propuso como paradigma de un tiempo nuevo en esa materia. Lo prometía porque –según aseguraba– el cambio recién vendría con ella en el poder.
Bueno, no sucedió. En su gobierno no consultan, no negocian, no consensúan, no convergen. Sí usan, y mucho, esas palabras, pero como cáscara vacía de nociones en las que no creen.

Los productores del campo, presentados por la propaganda del Gobierno como avaros usureros inescrupulosos, sanguinarios explotadores del pueblo y temibles ideólogos de una derecha cavernícola, aguantaron a pie firme los contenedores de estiércol que les arrojó la retórica estatal y han surgido legitimados y más comprendidos que nunca.
Eduardo Buzzi, el dirigente de la Federación Agraria, los humilló como corresponde cuando aludió a las víctimas de la dictadura entre los productores agropecuarios de aquellos años. La verba desmesurada que se usa desde el Gobierno y desde los organismos que se presentan como defensores de los derechos humanos tiende a presentar al matrimonio presidencial como sufridas víctimas de la represión procesista. Los que se oponen, como los pequeños chacareros a los que representa la Federación, serían esbirros de aquel régimen.
Los productores agropecuarios han demostrado descarnadamente que la razón final del Gobierno en esta pelea es la apropiación centralizada de los recursos nacionales, sin rendir cuentas, ni compartirlos, a menos que se le sometan quienes solicitan, aunque sea, el 10% de lo que “retienen”.
Extraño concepto este de la “retención”. Huele a estrategia de viscoso estudio jurídico para quedarse con propiedades cuyos titulares no pueden afrontar el pago de la hipoteca. Es que, así planteada, la “retención” que enamora al imaginario oficialista es sólo una ejecución disfrazada, con el agravante de que aquí ni siquiera hay deuda exigible. Es una ejecución de bestial discrecionalidad: como-yo-digo-que-ganás-mucho-te-saco-gran-parte-de-lo-que-ganaste-porque-me-parece-que-es-demasiado.
Eso es lo que se aproxima a su inexorable agotamiento, la pretenciosa y mesiánica noción de que un poder absorbente recaude y distribuya, como si fuera dueño exclusivo del bien común.
Funciona como benévolo pero fulminante paternalismo: herramientas y formas de la democracia representativa son, en el mejor de los casos, métodos secundarios y prescindibles.
Lo son, sobre todo, de cara a la mayor (¿única?) virtud que exhibe esta manera de administrar el país: el ejercicio inapelable de la “conducción”.
Confrontada con la estimulante frescura que proviene de las nuevas energías sociales ahora reveladas, la mirada paranoica del oficialismo asusta. Hay que decirlo: no hay golpismo hoy en la Argentina. Sólo una imaginación desmesurada por el ejercicio plenipotenciario de la cosa pública puede convencer a quienes hoy mandan de que jamás se atacó tanto a un gobierno.
Alguien tiene que decir que en el comienzo de esta democracia, esos 25 años que este gobierno naturalmente no piensa celebrar, ni siquiera recordar, el 30 de octubre o el 10 de diciembre, a Alfonsín la CGT le hizo 13 huelgas generales, tuvo que afrontar tres levantamientos militares y, cereza de la torta, un sangriento ataque de la izquierda terrorista contra una gran unidad de combate en las cercanías de la Capital.
Comparar aquellos hechos con la huelga agropecuaria es como equiparar el descuelgue de cuadros en el Colegio Militar en 2003 con el juicio a las juntas impulsado a 72 horas de terminar esa dictadura con la que tanto se llena la boca el Gobierno.
Pero hay algo nuevo en el aire, y se nota. La gente es tonta y crédula e ignorante, piensan muchos. Pero cuando la Embajada de los Estados Unidos divulga esta semana la foto, que los diarios publican, de un sonriente Tony Wayne departiendo amablemente en la sede diplomática con el tremebundo ex montonero Carlos Kunkel, todo queda claro. Es una gestualidad que revela brutal hipocresía en el oficialismo, desde el cual se satanizó al embajador norteamericano hace pocos meses nomás.
Se trata de un sistema de pensamiento y acción que, aun en su solidez de hoy, ya presenta los rasgos inconfundibles de la fugacidad, como los alimentos perecederos que tuvieron que sacrificarse estos días. Ese agotamiento es visible, tal vez pequeño ahora, pero inevitablemente progresivo, a menos que el Gobierno, que se dio un porrazo de aquéllos, sorprenda al país con un claro cambio de rumbo, posible pero poco probable.

Porque si no, si la Presidenta tiene tiempo para acusar a Menchi Sábat de golpista “cuasi” mafioso, sólo quedaría, para confrontar a la melancolía de este domingo, apelar a Marcelo Tinelli y su formidable “¡Ah, bueno!”.

 

 

 

-> originalmente en [http://www.perfil.com/contenidos/2008/04/06/noticia_0006.html]

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2 Apr, 2008,

Marcha atrás

Clasificación: filosofia, historia, noticias — alemasdiez @ 3:09

 

Por Pepe Eliaschev | 30.03.2008 | 00:02

 

El 9 de octubre de 1980, la entonces primera ministra británica, Margaret Thatcher, acorralada por una huelga minera, ratificó ante el congreso del Partido Conservador sus ortodoxas tácticas antiinflacionarias y emitió una consigna ya legendaria, aclamada por la tribuna: “Para aquellos que esperan con el aliento en la boca que yo me una a esa famosa consigna mediática, dé marcha atrás y haga una vuelta en U, sólo puedo decirles que uno solo da marcha atrás cuando quiere. Esta señora no da marcha atrás”.
Thatcher fue la primera mujer en gobernar el Reino Unido. Cristina Kirchner es, en la Argentina, la primera que ha llegado al cargo máximo por el voto popular. Thatcher gobernó de 1979 a 1990. Cristina gobierna formalmente hace hoy 111 días. ¿Es Cristina una “dama de hierro” que, como Thatcher, no sabe o no quiere retroceder? No lo creo.
Algo confuso sucedió durante la semana. El martes 25 de marzo, recién llegada de otra estadía en El Calafate, la Presidenta dio un discurso de 2.889 palabras. En esa pieza, que –como ya es norma– ella no lee, usó 15 veces la palabra “Argentina”, dos la palabra “argentinas” y 36 la palabra “argentinos”, un total de 53 afirmaciones de nacionalidad, a razón de una cada 54,5 palabras.
El jueves volvió a los micrófonos. En Parque Norte, pronunció 4.461 palabras, de las cuales 25 fueron “Argentina”, 9 “argentinas” y 18 “argentinos”, un total de 52 banderazos, a razón de uno cada 86 palabras.
En la primera oportunidad, en un pronunciamiento claramente desacertado, la Presidenta alcanzó un clímax de autorreferencialidad: se aludió a sí misma en 17 ocasiones, todas ellas como variantes de su famoso “como yo digo”. No es un mero problema de personalidad, aunque el estudio y la caracterización del carácter de los individuos aportan mucho a la comprensión de los fenómenos políticos de la historia.
La histérica semana que acaba de vivir la Argentina revela, por de pronto, fortísima indigencia civil, un país envuelto en terremotos emocionales periódicos.
Se entona una y otra vez la epifanía del sentimentalismo más estéril. Abigarrados grupos de personas corean el Himno Nacional para disuadir a vociferantes y fornidos activistas que reparten trompadas. Se alcanzan cotas ridículas pero desesperantes: en Gualeguaychú, cortadores seriales de rutas se enfrentan con los que antes los apoyaban y ahora quieren pasar a toda costa.
La Presidenta dijo una verdad monumental cuando aseguró que no se negocia con una pistola en la cabeza: con el campo subido a las rutas, ella, por responsabilidad institucional, no dialoga nada. Pero, entonces, ¿por qué le exige a su colega uruguayo Tabaré Vázquez que negocie por Botnia, si la Casa Rosada tolera sin mosquearse que la frontera internacional siga bloqueada por la Argentina? ¿O Tabaré puede aceptar la pistola en la cabeza y Cristina, no? ¿Por qué el gobierno argentino legitima ciertas ilegalidades y sataniza otras?
Pero hubo un cambio, desde ya, y se produjo, como no podía de ser otra manera, con los recursos y desde la cultura política del oficialismo, que parece patentizarse en una consigna proverbial del castrismo de los años sesenta: ¿o no fue el ahora presidente Raúl Castro quien pergeñó, como parte del enfrentamiento con los Estados Unidos, aquel “¡Ni un paso atrás, ni pa’ coger impulso!”?
Siempre hay pasos atrás, en todo y en todas partes. Lo que más desintoxica el enrarecimiento que produce el poder en quienes lo detentan es salir del complejo patológico de superioridad que suele acompañar a quienes ambicionan y atrapan espacios de conducción.
El peronismo es, en este sentido, un movimiento habitado por numerosas personas con serio y voraz apetito de poder. Fue por eso que, cuando en 1973 volvió al país bastante marchito, Perón declaró ser ya un león herbívoro. Antes había sido carnívoro. Nadie que haya visto por Animal Planet a un león devorando su presa ignora que estos animales no protagonizan espectáculos agradables.
Ese aspecto belicoso pero nada folclórico del justicialismo realmente existente es actuado por Luis D’Elía. Al observar su ostensible sobrepeso y sus modales ridículamente forzudos, uno se tienta de no prestarle importancia, imaginando que es más patético que peligroso. Puede ser, no lo niego, pero el Gobierno lo aupó fría y explícitamente, sin siquiera objetar su ingreso beligerante y de tintes fascistas en la vía pública. Es peligroso subestimar esa realidad.
La Argentina viene de experimentar un nuevo sofocón de arcaísmos inauditos, como ese penoso “Patria sí, colonia no” gritado por militantes de un oficialismo que admite sin despeinarse que el embajador de los Estados Unidos visite todas las semanas a no menos de un ministro o un secretario de Estado, habitante paradigmático de la agenda mediática nacional.
También hubo exhibición indigerible de hipocresías con vista al mar, como insistir en las 4×4 de los oligarcas rurales, retórica de un sistema de poder que gravita, helitransportado, de Puerto Madero a El Calafate, pasando por Olivos y Parque Norte.
Vivimos en penuria. La penuria institucional es uno de los aspectos de ese raquitismo esencial, que es la marca profunda (¿indeleble?) de esa indigencia que empuja a la confrontación insensata.
Por eso, discrepo con quienes ven en ciertas prácticas del Gobierno meros “errores” o módicas “torpezas”. Desearía errar el diagnóstico, pero estos casi cinco años de gobierno parecen exhiben una deliberada y gélida búsqueda del choque y de un vasallaje al que se codicia como cúspide del poder. O sea, no son excesos, sino rasgos estructurales de conducta. Es la manera de gerenciar la realidad de personas que hace mucho tiempo se han acostumbrado a ganar y no quieren aprender a consensuar nada.
Impresionan, igualmente, los rústicos lenguajes y hechos que en la Argentina son ya normales. Claro que hay violencias infinitamente peores y mucho más truculentas en Kenia, Irak, Chechenia o Sierra Leona. También, que los hijos de los inmigrantes magrebíes apiñados en la banlieu de París viven quemando autos todas las noches.
Pero la Argentina no debería ambicionar medirse con esos parámetros terribles; deberíamos compararnos con nuestros propios vecinos, entre quienes, salvo excepciones ocasionales, la manera argentina produce sorpresa, irritación y asombro.
El tono de resentimiento social que despuntó en estas últimas semanas fue apañado por un gobierno desde el que se habla de “los ricos” como si el oficialismo fuese un asilo de marginales o una olla popular. Eso rebela y, además, revela: rebela que apelen a un clasismo de pies de barro aquellos cuya historia es poco virtuosa, y revela –además– infinita ingenuidad un pueblo que parece aceptar dócilmente ser conducido por millonarios, siempre y cuando aleguen estar haciendo un gobierno popular.
La Argentina debe preguntarse por sí misma y el Gobierno debe ir barruntando la noción de que alguna vez el sol termina por ponerse.

 

 

-> originalmente en [http://www.perfil.com/contenidos/2008/03/30/noticia_0001.html]

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26 Mar, 2008,

Situación Actual

Clasificación: filosofia, historia, noticias — alemasdiez @ 4:14

Quiero dejar en claro que creo fehacientemente en la necesariedad de una REDISTRIBUCIÓN DE RIQUEZAS. No creo que muchos piensen distinto. Creo que lo que hay que tener en cuenta en esta situación son varios aspectos, los cuales procederé a desarrollar.

Primero, que hay distintos tipos de productores. Existe una idea generalizada de que todos los productores tienen cientas de héctareas BMW y 4×4. Obvio que esto es falso. No todos los comerciantes tienen shoppings, algunos tienen quioscos, aca pasa algo similar.

Además, hay que tener en cuenta que el campo fue literalmente castigado por décadas; para algunos pequeños productores no era suficiente medio desubsistencia, y qué tan grave es que un trabajante ahora se compre un vehículo adecuado para el medio en cuál desarrolla su actividad productiva?. En Argentina, basta con revisar la historia, siempre se recurrió al campo para salir de crisis económicas. En la actualidad no existe un modelo económico que apoye al campo (no existe modelo de ningún tipo) y creo con un apoyo adecuado es una buena oportunidad para INDUSTRIALIZAR.

Ultimo, pero no menos importante, hay distitos modos de redistribuir las riquezas. A donde va el dinero de las retenciones? todo hace pensar que D’Elia y Depetri parecen si saber (mejor no mencionar a Moyano). Las clases no comienzan nunca porque no hay plata, ni hablar de las universidades de dependencia nacional porque son un desastre.

Parecería redundante hablar de la soberbia de Kristina, ya puse en mi blog un artículo sobre el modo de conducción (http://blog.alejandrolevit.com.ar/?p=83) , además….. YO NO LA VOTÉ (je je je).

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24 Mar, 2008,

Preludio de un día de trabajo horrible

Clasificación: ficción, historia, pibes, teletech — alemasdiez @ 12:24

Mi tiempo de estadía en aquel bar había expirado, sin embargo ante las súplicas de mi amigo Nacho decidí quedarme. No lo culpo, la cara de esa botella asustaba; pero nosotros nos conocíamos de antes y Nacho lo presentía.

Ninguno de los dos caería facilmente, ella siempre tuvo un gusto fuerte y entumecedor pero yo siempre fui bueno para no caer. Miles de horas de ardua pelea para poder ver su incomprendible pero sabroso fondo. La victoria era mia y sería galardonado por mis amigos; pero ellos no sospechaban que mis heridas internas eran profundas, yo no debaja notar.

Al fin, tambalenado, llegué a casa. Ahi podría caer en mi soledad sin que nadie lo notase, pero un nuevo e insopechable mal amenazaba mi tranquilidad. Frente al espejo y con cepillo de por medio pude notar la longitud de mi barba, impresentable ante una jornada laboral supervisada.

Esta situación reclamaba hacer algo al respecto, casi olvidado de mis heridas pero ellas aún estaban vigentes y se hacían notar. Con la ayuda de un arma blanca, puse fin a mi nuevo problema. Esta tranquilidad era efímera, había un problema mayor que afrontar y este era.. “un día de trabajo tortuoso”.

una idea copada que tuve fue poner el último parrafo en 3ra persona, me pareció que quedaría copado, pero no se; de última opinenen:

Este no era el fin para nuestro paladín, por el contrario. Con la dificultad de sus heridas (las cuales parecían no preocuparle, pero limitaban sus movimientos) y con la ayuda de un arma blanca; puso fin a esta nueva amenaza a la prolijidad. El héroe, casi derrotado pero de pie, permanecía firme para poder hacer frente a una nueva batalla de la cual muy probablemente no saldría victorioso… el desafió ya estaba planteado y era “un día de trabajo tortuoso”.

roto

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5 Mar, 2008,

20 años de la muerte de Alberto Olmedo

Clasificación: central, fotos, futbol, historia, joda, nostalgia, videos — alemasdiez @ 11:07

Fue el 5 de marzo de 1988 en un confuso episodio en Mar del Plata. El cómico más famoso de la Argentina que cambió el modo de hacer humor con un estilo basado en la improvisación.

Nació en el humilde barrio Pichincha de la ciudad de Rosario, antiguamente la “zona roja” de esa ciudad, con prostíbulos y bares de mala muerte. Vivió con su madre, Matilde Olmedo, en la calle Tucumán 2765. A los seis años, además de concurrir a la Escuela n.º 78 Juan F. Seguí, trabajó en la verdulería y carnicería de José Becaccece, en la calle Salta 3111.

Frases:

  • Y, si no me tienen Fé!
  • De acaaaaaaa!
  • Eramos tannn pobres!
  • No toca boton

Links:

http://es.wikipedia.org/wiki/Alberto_Olmedo

http://www.perfil.com/contenidos/2008/03/05/noticia_0004.html

Fotos:

Olmedo

 

 

olmedo y porcel

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