Preludio de un día de trabajo horrible
Mi tiempo de estadía en aquel bar había expirado, sin embargo ante las súplicas de mi amigo Nacho decidí quedarme. No lo culpo, la cara de esa botella asustaba; pero nosotros nos conocíamos de antes y Nacho lo presentía.
Ninguno de los dos caería facilmente, ella siempre tuvo un gusto fuerte y entumecedor pero yo siempre fui bueno para no caer. Miles de horas de ardua pelea para poder ver su incomprendible pero sabroso fondo. La victoria era mia y sería galardonado por mis amigos; pero ellos no sospechaban que mis heridas internas eran profundas, yo no debaja notar.
Al fin, tambalenado, llegué a casa. Ahi podría caer en mi soledad sin que nadie lo notase, pero un nuevo e insopechable mal amenazaba mi tranquilidad. Frente al espejo y con cepillo de por medio pude notar la longitud de mi barba, impresentable ante una jornada laboral supervisada.
Esta situación reclamaba hacer algo al respecto, casi olvidado de mis heridas pero ellas aún estaban vigentes y se hacían notar. Con la ayuda de un arma blanca, puse fin a mi nuevo problema. Esta tranquilidad era efímera, había un problema mayor que afrontar y este era.. “un día de trabajo tortuoso”.
una idea copada que tuve fue poner el último parrafo en 3ra persona, me pareció que quedaría copado, pero no se; de última opinenen:
Este no era el fin para nuestro paladín, por el contrario. Con la dificultad de sus heridas (las cuales parecían no preocuparle, pero limitaban sus movimientos) y con la ayuda de un arma blanca; puso fin a esta nueva amenaza a la prolijidad. El héroe, casi derrotado pero de pie, permanecía firme para poder hacer frente a una nueva batalla de la cual muy probablemente no saldría victorioso… el desafió ya estaba planteado y era “un día de trabajo tortuoso”.




